Los Templarios, o la Orden del Temple, fueron una orden militar cristiana fundada en el siglo XII. Se dedicaban a proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa, pero con el tiempo adquirieron poder, riqueza e influencia política. Fueron desmantelados en el siglo XIV, pero han dejado una marca duradera en la historia y en la leyenda.
San Bernardo, con su poderosa retórica, ofreció una visión del Templario como el ideal del caballero cristiano, luchando no solo con armas, sino también con fe y virtud.
Una de esas leyendas es la asociación entre los Templarios y el Santo Grial. El Santo Grial es una reliquia cristiana legendaria, a menudo descrita como la copa o plato que Jesús usó en la Última Cena, y que más tarde se decía que contenía el sangrado de Cristo en la crucifixión.
«De laude novae militae», que se traduce como «Elogio de la nueva caballería», fue fundamental para establecer el papel único de los Templarios como monjes guerreros.
A lo largo de los años, han surgido diversas teorías y leyendas que relacionan a los Templarios con el Grial. Algunas sostienen que la orden encontró el Grial en Jerusalén y lo llevó a Europa. Otras leyendas afirman que los Templarios lo escondieron para protegerlo. Estas teorías se han popularizado aún más gracias a libros y películas.
Caída de Acre (1291): Acre fue el último bastión cruzado en Tierra Santa. Los templarios, junto con otros defensores, lucharon valientemente, pero la ciudad finalmente cayó ante los mamelucos, marcando el fin efectivo de las Cruzadas en Tierra Santa.
Los Templarios y su supuesta relación con el Santo Grial han sido explorados en numerosos trabajos literarios, películas y programas de televisión. Uno de los ejemplos más famosos es «El Código Da Vinci» de Dan Brown, que plantea teorías alternativas sobre el Cristianismo, los Templarios y el Santo Grial. Aunque el libro es una obra de ficción, despertó un gran interés en estos temas y condujo a muchas discusiones y debates.
En 1307, bajo órdenes del rey Felipe IV de Francia, Jacques de Molay y muchos otros templarios fueron arrestados en Francia. Se les acusó de herejía, idolatría y otros delitos, en gran parte basados en testimonios extraídos bajo tortura. En 1312, el Papa Clemente V, bajo presión de Felipe IV, disolvió oficialmente la Orden del Temple en el Concilio de Vienne.
Por otro lado, la desaparición repentina de los Templarios y su dramática supresión por parte del rey Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V en 1307 ha alimentado muchas teorías de conspiración y leyendas. Dado que muchos de los bienes de los Templarios nunca fueron recuperados y la naturaleza secreta de sus rituales y conocimientos, es fácil entender por qué se han convertido en el centro de tantas historias y mitos.
También es digno de mención que el lugar donde se supone que los Templarios pudieron haber escondido el Santo Grial ha sido objeto de mucha especulación. Algunas teorías apuntan a la capilla de Rosslyn en Escocia, mientras que otras sugieren lugares en Francia o incluso en otras partes de Europa.
Dentro de ciertos rituales y grados masónicos, en particular en el Rito Escocés y en algunos sistemas del Rito de York, hay grados que hacen referencia a los Templarios. El más notable es el grado de «Caballero Templario».
La relación entre los Caballeros Templarios y el Santo Grial es una confluencia de historia, mito y especulación que ha fascinado a la gente durante siglos. Aunque no hay evidencia histórica directa que vincule a los Templarios con el Grial, la leyenda ha sido alimentada por literatura, teorías de conspiración y, más recientemente, por el cine y otros medios de comunicación.
Los Templarios y el Santo Grial son dos de los temas más misteriosos y evocativos de la Edad Media. Ambos están rodeados de mito y leyenda, por lo que es natural que las historias y teorías los hayan unido con el tiempo.
Tradicionalmente, se cree que el Santo Grial es el cáliz que Jesucristo usó en la Última Cena y/o el recipiente que recogió su sangre durante la crucifixión. Se ha dicho que tiene poderes milagrosos y que ha sido buscado por muchos a lo largo de la historia.
Dado que los Templarios tuvieron su origen en Jerusalén y se dedicaron a proteger los caminos de peregrinación y los sitios sagrados, surgió la idea de que podrían haber descubierto reliquias sagradas, incluido el Santo Grial. Su repentina riqueza y poder también alimentaron las especulaciones sobre los tesoros que podrían haber encontrado.
La relación entre los Templarios y el Grial fue popularizada y románticamente expandida en obras literarias. Durante el siglo XIX y XX, autores y teóricos comenzaron a entrelazar las historias del Santo Grial con los Templarios, añadiendo capas de mito y misterio.
En tiempos modernos, libros como «El Código Da Vinci» de Dan Brown y películas asociadas han explorado y ampliado la idea de que los Templarios estaban involucrados en la protección o búsqueda del Grial. Estas representaciones han reforzado la conexión en la mente del público, aunque se basan más en la ficción que en la evidencia histórica.
La fascinación con los Templarios y el Santo Grial se debe en parte a la mezcla de historia real, misterio y lo desconocido. Ambos temas tienen elementos de búsqueda espiritual, poder, conspiración y aventura. Juntos, ofrecen una narrativa cautivadora que ha capturado la imaginación de generaciones.
La Orden del Temple tuvo varios miembros prominentes a lo largo de su historia.
Hugues de Payens (Hugh de Payns): Fue uno de los fundadores y el primer Maestre de la Orden del Temple. Junto con Godofredo de Saint-Omer y otros caballeros, fundó la Orden en 1119.
André de Montbard: Fue uno de los nueve caballeros fundadores de la Orden y tío de San Bernardo de Claraval, quien fue instrumental en la obtención de la aprobación eclesiástica oficial de la Orden.
Bernardo de Claraval: Aunque no era un templario, San Bernardo tuvo una influencia crucial en la formación y el reconocimiento oficial de la Orden. Escribió la regla de la Orden y la «Laude Novae Militiae» («Elogio de la nueva caballería»), un tratado en apoyo de los templarios.
Gerardo de Ridefort: Maestre del Temple y figura central durante las Cruzadas. Se le recuerda principalmente por su rol en la Batalla de Hattin en 1187, donde las fuerzas cruzadas fueron derrotadas por Saladino.
Jacques de Molay: El último Maestre del Temple. Bajo su liderazgo, la Orden sufrió la persecución de Felipe IV de Francia. Jacques de Molay fue arrestado, sometido a tortura y finalmente quemado en la hoguera en 1314, marcando el fin oficial de la Orden del Temple.
Hugues de Payens (también escrito como «Hugo de Payns» o «Hugh de Payens») fue un caballero francés y uno de los fundadores y el primer Gran Maestro de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, comúnmente conocidos como los Caballeros Templarios.
Orígenes: Hugues de Payens nació alrededor del año 1070 en el Condado de Champaña, en la actual Francia. Se sabe poco sobre sus primeros años antes de la fundación de los Templarios.
Fundación de los Templarios: En 1119, junto con otros ocho caballeros, Hugues de Payens fundó la Orden de los Templarios con el propósito declarado de proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa tras la Primera Cruzada. Estos caballeros tomaron votos monásticos y establecieron su cuartel en Jerusalén, en el área del antiguo Templo de Salomón, de donde derivaría el nombre de «Templarios».
Primer Gran Maestro: Hugues de Payens se convirtió en el primer Gran Maestro de la Orden, un cargo que ocupó hasta su muerte en 1136. Durante su liderazgo, trabajó en la expansión y consolidación de la Orden, además de obtener el apoyo y reconocimiento oficial de la Iglesia
Reconocimiento Papal: En 1129, en el Concilio de Troyes, la Orden del Temple recibió su regla monástica formal (basada en la Regla de San Benito) y fue oficialmente reconocida por la Iglesia. Esto fue en gran parte gracias a la influencia de San Bernardo de Claraval, un defensor clave de los Templarios.
Muerte y Legado: Hugues de Payens falleció en 1136. Su legado perduró en la Orden del Temple, que creció en poder e influencia durante el siguiente siglo, estableciendo presencias en toda Europa y en Tierra Santa.
André de Montbard fue uno de los nueve caballeros fundadores de la Orden de los Templarios y posteriormente se convirtió en el quinto Gran Maestro de la Orden. André de Montbard tenía conexiones familiares influyentes; era tío de San Bernardo de Claraval, el famoso monje cisterciense que fue una figura clave en la aprobación y promoción de la Orden del Temple.
André fue uno de los primeros nueve caballeros que, junto con Hugues de Payens, formaron la Orden del Temple en 1119 con el objetivo de proteger a los peregrinos cristianos en Tierra Santa. A lo largo de los años, André de Montbard ganó prominencia dentro de la Orden. Después de la muerte de varios Grandes Maestros anteriores, asumió el liderazgo como el quinto Gran Maestro de los Templarios, cargo que ocupó desde 1153 hasta 1156.
Durante su tiempo como Gran Maestro, André trabajó para consolidar y expandir la influencia y propiedades de la Orden en Europa y en Tierra Santa. André de Montbard murió en 1156. Su legado y contribución a la consolidación de la Orden del Temple fue significativo. La influencia de André de Montbard y su relación con San Bernardo de Claraval fueron fundamentales en los primeros días de la Orden. A través de su liderazgo y conexiones, André ayudó a cimentar la posición de los Templarios como una de las órdenes más influyentes y poderosas de la Edad Media.
San Bernardo de Claraval (1090-1153), también conocido como San Bernardo de Cîteaux, fue un monje cisterciense francés de gran influencia en la Europa del siglo XII. Es conocido por su devoción, sus escritos teológicos y su influencia en la fundación y promoción de la Orden del Temple. Bernardo ingresó en el monasterio de Cîteaux, cuna de la Orden Cisterciense, en 1112. En 1115, fundó el monasterio de Claraval (Clairvaux en francés), del cual se convirtió en abad.
Como líder de los cistercienses, Bernardo abogó por una reforma de la Iglesia y una vida monástica más austera y simple, en contraposición a las prácticas más lujosas y mundanas de algunos monasterios benedictinos de la época. Bernardo fue un prolífico escritor y teólogo. Sus sermones y tratados tuvieron una gran influencia en la teología cristiana del momento. Sus escritos sobre la Virgen María contribuyeron significativamente a la creciente devoción mariana en la Europa medieval.
San Bernardo fue un firme defensor de la recién fundada Orden de los Templarios. Escribió «De laude novae militae» (Elogio de la nueva caballería) en apoyo de la misión y el propósito de los Templarios. Su influencia fue fundamental para obtener el reconocimiento y apoyo oficial de la Iglesia a la Orden en el Concilio de Troyes en 1129.
Bernardo jugó un papel crucial en la promulgación de la Segunda Cruzada. A instancias del papa Eugenio III, predicó en favor de la cruzada y movilizó a miles para unirse al esfuerzo. Bernardo murió en 1153 en el monasterio de Claraval. Fue canonizado en 1174 y posteriormente fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1830, en reconocimiento a sus significativas contribuciones teológicas.
La influencia de San Bernardo de Claraval en la vida religiosa, teológica y política de la Europa del siglo XII fue profunda. Su legado perdura en la rica tradición monástica cisterciense y en su impacto en la formación y promoción de la Orden del Temple.
El manuscrito «De laude novae militae«, que se traduce como «Elogio de la nueva caballería», es un trabajo escrito por San Bernardo de Claraval en el siglo XII. Esta obra es especialmente notable porque representa uno de los primeros y más influyentes respaldos de la Orden del Temple (los Caballeros Templarios) por parte de una figura eclesiástica prominente.
El tratado fue escrito en respuesta a una petición de Hugo de Payens, el primer Gran Maestre de los Templarios. San Bernardo, como figura influyente en la Iglesia y defensor de la Orden, ofreció una justificación teológica y moral para la existencia y acciones de los Templarios.
San Bernardo contrasta la «nueva caballería» de los Templarios con la caballería secular de su tiempo. Mientras que los caballeros seculares luchaban por la gloria y el enriquecimiento personal, los Templarios eran presentados como guerreros de Cristo, luchando en nombre de la fe y por la protección de los peregrinos cristianos en Tierra Santa.
Virtud sobre vanidad: San Bernardo critica la vanidad y el orgullo de los caballeros seculares, en contraste con la humildad y la piedad de los Templarios. Argumenta que la verdadera batalla espiritual es contra el pecado y el mal, y que los Templarios están mejor equipados para esta lucha debido a sus votos monásticos y su compromiso con la fe.
«De laude novae militae» fue fundamental para establecer y promover el papel único de los Templarios como monjes guerreros. Su respaldo por parte de San Bernardo, uno de los eclesiásticos más respetados de su tiempo, ayudó a cimentar la reputación y el apoyo de la Orden en toda Europa.
El «Elogio de la nueva caballería» es una ventana al pensamiento religioso y las tensiones de la época, cuando las Cruzadas estaban en pleno apogeo y la Iglesia buscaba formas de reconciliar la violencia de la guerra con los ideales cristianos de paz y piedad. San Bernardo, con su poderosa retórica, ofreció una visión del Templario como el ideal del caballero cristiano, luchando no solo con armas, sino también con fe y virtud.
Gerardo de Ridefort es una figura menos conocida que otros líderes templarios, pero desempeñó un papel crucial en la historia de los Templarios y de las Cruzadas en la segunda mitad del siglo XII. Gerardo era originario de la región de Flandes, en lo que hoy es Bélgica. Se cree que llegó a Tierra Santa durante la década de 1170, originalmente como parte de la comitiva de Balduino IV, rey de Jerusalén.
A finales de la década de 1180, Gerardo se convirtió en el Gran Maestre de la Orden del Temple, sucediendo a Arnoldo de Torroja. Gerardo estuvo presente y jugó un papel importante en la desastrosa Batalla de Hattin en 1187, donde las fuerzas cruzadas, incluidos muchos Templarios, fueron derrotadas por el ejército de Saladino. Como resultado de esta batalla, los musulmanes recuperaron Jerusalén y gran parte de los territorios cruzados en Tierra Santa. Gerardo fue uno de los pocos líderes importantes que no fue capturado después de la batalla.
Antes de la Batalla de Hattin, Gerardo y el Gran Maestre de los Hospitalarios, Roger des Moulins, tuvieron un enfrentamiento con Guy de Lusignan, rey de Jerusalén, sobre la estrategia militar. La decisión de Gerardo de enfrentarse directamente a Saladino en Hattin en lugar de mantener una posición defensiva es vista por algunos historiadores como una de las razones del desastre cruzado en esa batalla.
Gerardo de Ridefort encontró su fin en 1189, durante el asedio de Acre. Fue capturado durante una escaramuza y ejecutado por orden de Saladino. La tenencia de Gerardo como Gran Maestre de los Templarios fue turbulenta y estuvo marcada por decisiones militares que tuvieron consecuencias catastróficas para los Estados cruzados en Tierra Santa. A pesar de estos reveses, su figura es un recordatorio de la complejidad y los desafíos que enfrentaron los líderes militares y religiosos en esa época.
Saladino, cuyo nombre completo es Al-Nāṣir Ṣalāḥ al-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, es uno de los líderes más icónicos del mundo islámico durante la época de las Cruzadas. Nacido en 1137 y fallecido en 1193, Saladino es mejor conocido por haber recuperado Jerusalén de los cruzados y por su liderazgo y caballerosidad en el campo de batalla.
Saladino nació en Tikrit, en lo que hoy es Irak. Aunque nació en una familia kurda, pasó gran parte de su juventud en Siria, donde su tío, Shirkuh, era un comandante militar bajo Nur ad-Din. Tras la muerte de su tío y con el apoyo de Nur ad-Din, Saladino se convirtió en el visir del Egipto fatimí en 1169. Poco después, consolidó su poder en Egipto, terminó con el régimen fatimí y estableció la dinastía ayubí.
A través de una serie de campañas y diplomacia, Saladino unificó vastas áreas del Medio Oriente bajo su control, incluyendo Egipto, Siria, partes de Mesopotamia y Palestina. Uno de los logros más destacados de Saladino fue la reconquista de Jerusalén en 1187 después de la Batalla de Hattin. A diferencia de la toma cruzada de la ciudad en 1099, que estuvo marcada por la masacre de sus habitantes, Saladino permitió a los cristianos abandonar la ciudad de manera segura, una decisión que refleja su famosa magnanimidad.
A pesar de ser un adversario formidable para los cruzados, Saladino fue conocido por su honor y caballerosidad. Es famoso por sus interacciones respetuosas con Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada. Saladino murió en Damasco en 1193. A pesar de su muerte, dejó un legado duradero tanto en el mundo islámico como en Occidente. Es recordado como un líder justo, un guerrero valiente y un defensor del islam.
Jacques de Molay es una figura histórica crucial en la historia de los Caballeros Templarios. Nació alrededor de 1243 y murió en 1314. Fue el 23° y último Gran Maestre de la Orden del Temple. Jacques de Molay ingresó a la Orden del Temple cuando era joven y ascendió rápidamente en sus filas. Participó en las campañas de la Orden en Tierra Santa y mostró una habilidad considerable como líder y guerrero.
Fue elegido Gran Maestre en 1292, en un momento particularmente difícil para la Orden, ya que los musulmanes habían recapturado la mayoría de los territorios cruzados en Tierra Santa. Bajo su liderazgo, la Orden decidió retirarse de sus últimos bastiones en Tierra Santa y reubicarse en Chipre. De Molay luego viajó a Europa para tratar de generar apoyo para una nueva Cruzada y revitalizar la Orden.
En 1307, bajo órdenes del rey Felipe IV de Francia, Jacques de Molay y muchos otros templarios fueron arrestados en Francia. Se les acusó de herejía, idolatría y otros delitos, en gran parte basados en testimonios extraídos bajo tortura. En 1312, el Papa Clemente V, bajo presión de Felipe IV, disolvió oficialmente la Orden del Temple en el Concilio de Vienne.
Tras años de prisión, Jacques de Molay fue llevado a juicio en 1314. Bajo amenaza de tortura, inicialmente confesó los cargos en su contra, pero más tarde se retractó de su confesión. Como resultado, fue condenado a ser quemado en la hoguera en París. Durante su ejecución, se dice que maldijo a Felipe IV y al Papa Clemente V, prediciendo que ambos morirían dentro de un año, una profecía que curiosamente se cumplió.
La muerte de Jacques de Molay marca el fin de la Orden del Temple. Sin embargo, su figura se ha convertido en una especie de mártir y símbolo de resistencia en muchas tradiciones, incluida la masonería y otras sociedades secretas. Ha sido objeto de numerosas leyendas y teorías de conspiración a lo largo de los siglos.
La relación entre los Caballeros Templarios y la masonería ha sido objeto de debate, especulación y teorización durante siglos. Si bien no existe evidencia documental directa que vincule a los Templarios originales con los masones, hay varios elementos que han llevado a la gente a hacer conexiones y suposiciones:
Misterio y Secretismo: Ambas organizaciones son conocidas por su naturaleza reservada y secreta, lo que ha llevado a la especulación sobre posibles conexiones ocultas entre ellas.
Simbolismo: Hay ciertos símbolos y rituales en la masonería que evocan o se asemejan a los asociados con los Templarios. Este hecho ha llevado a algunos a sugerir una conexión o influencia directa.
Grados Masónicos: Dentro de ciertos rituales y grados masónicos, en particular en el Rito Escocés y en algunos sistemas del Rito de York, hay grados que hacen referencia a los Templarios. El más notable es el grado de «Caballero Templario».
Teorías Modernas: Durante el siglo XVIII y XIX, a medida que la masonería se expandió y se desarrolló, surgieron teorías que sugerían que la masonería había evolucionado directamente de los Templarios. Estas teorías sugieren que después de la supresión de la Orden del Temple en 1312, algunos templarios sobrevivientes encontraron refugio en Escocia y ayudaron a Robert the Bruce en la Batalla de Bannockburn. Supuestamente, estos templarios se integraron en los gremios de masones constructores, dando lugar a la masonería especulativa. Sin embargo, es importante señalar que no hay pruebas históricas sólidas que respalden esta teoría.
Interés en lo Esotérico: Tanto los Templarios como los masones han sido objeto de teorías esotéricas y ocultistas. Estas teorías sugieren que ambas organizaciones poseían conocimientos ocultos o secretos herméticos.
Los templarios participaron activamente en las Cruzadas y, por lo tanto, estuvieron involucrados en una serie de batallas y eventos significativos. Algunas de las batallas y eventos más notables donde los templarios jugaron un papel destacado incluyen:
Batalla de Montgisard (1177): En esta batalla, las fuerzas cristianas, que incluían templarios, bajo el mando del joven rey Balduino IV de Jerusalén, derrotaron al sultán Saladino, a pesar de estar ampliamente superados en número.
Batalla de Hattin (1187): Esta fue una de las batallas más desastrosas para los cruzados. Saladino logró atraer a los ejércitos cruzados, incluidos los templarios bajo el mando de Gerard de Ridefort, a una emboscada en un terreno desértico, resultando en una derrota abrumadora. Esta batalla llevó a la captura de Jerusalén por parte de Saladino.
Asedio de Acre (1189-1191): Los templarios desempeñaron un papel clave en este asedio, que resultó en la recaptura de la ciudad de Acre por parte de las fuerzas cruzadas.
Batalla de Arsuf (1191): Richard I de Inglaterra, también conocido como Ricardo Corazón de León, junto con templarios y otros cruzados, enfrentaron y derrotaron a las fuerzas de Saladino.
Batalla de Al-Mansurah (1250): Durante la Séptima Cruzada, los templarios estuvieron junto a Luis IX de Francia en esta batalla contra los ayyubíes en Egipto. La batalla fue un desastre para los cruzados, y el propio rey fue capturado.
Caída de Acre (1291): Acre fue el último bastión cruzado en Tierra Santa. Los templarios, junto con otros defensores, lucharon valientemente, pero la ciudad finalmente cayó ante los mamelucos, marcando el fin efectivo de las Cruzadas en Tierra Santa.
Disolución y arresto de los templarios (1307): Bajo las órdenes de Felipe IV de Francia, muchos templarios, incluido el Gran Maestre Jacques de Molay, fueron arrestados en Francia, acusados de herejía y otros cargos, lo que llevó al eventual desmantelamiento de la Orden por parte del Papa Clemente V en 1312.
La Orden del Temple, también conocida como los Caballeros Templarios, fue una orden militar cristiana fundada en el siglo XII. Originalmente establecida para proteger a los peregrinos en Tierra Santa, eventualmente se convirtió en una poderosa fuerza militar y financiera en la Europa medieval. Los postulados y reglas de la Orden del Temple se basaban en una combinación de principios monásticos y caballerescos.
Votos Monásticos: Al igual que otros monjes, los templarios tomaban votos de castidad, pobreza y obediencia. Estos votos eran esenciales para la vida en la Orden.
Estructura Jerárquica: La Orden tenía una estructura jerárquica claramente definida, que iba desde el Gran Maestre en la cima hasta los caballeros, sargentos, capellanes y sirvientes en los niveles inferiores.
Regla de la Orden: La «Regla» de los templarios era un conjunto de preceptos que guiaban su vida diaria. Fue influenciada y promovida por San Bernardo de Claraval. Cubría todo, desde la oración diaria y la vestimenta hasta las expectativas de comportamiento en el campo de batalla.
Vestimenta: Los templarios eran conocidos por su icónico manto blanco adornado con una cruz roja. Esta vestimenta simbolizaba su dedicación a una vida de servicio y pureza.
Vida Comunal: Al igual que otros monjes, los templarios vivían juntos en comunidades, llamadas encomiendas o preceptorías. Comían juntos en silencio mientras escuchaban lecturas religiosas y seguían una rutina diaria de oración.
Prohibición de Retirarse o Cambiar de Orden: Una vez que un hombre se unía a los templarios, le estaba prohibido abandonar la Orden o transferirse a otra orden religiosa.
Formación y Entrenamiento Militar: A diferencia de otros monjes, los templarios eran también soldados. Recibían un entrenamiento militar riguroso y estaban equipados para luchar cuando fuera necesario.
Neutralidad en Conflictos entre Estados Cristianos: A los templarios se les prohibía interferir en los asuntos entre estados cristianos y no podían ayudar a ningún rey en sus guerras contra otro rey cristiano.
Gestión Financiera y de Propiedad: La Orden del Temple poseía tierras y propiedades en toda Europa y el Medio Oriente. Tenían un sistema sofisticado de gestión financiera y operaban una especie de sistema bancario temprano.
Relaciones con Otras Ordenes: Los templarios tenían relaciones específicas y, a veces, rivalidades con otras órdenes militares, como los Hospitalarios. A pesar de las tensiones, a menudo cooperaban en el campo de batalla.
Estos postulados y reglas hicieron de los templarios una de las organizaciones más únicas de la Edad Media, combinando aspectos de la vida monástica con el deber militar y caballeresco. Su influencia y poder, sin embargo, eventualmente los llevó a enfrentar la desconfianza y la persecución, culminando en su disolución en el siglo XIV.
El tema de los templarios ha fascinado a historiadores, novelistas y entusiastas durante siglos, lo que ha llevado a la producción de una amplia variedad de literatura, tanto académica como de ficción. Aquí hay una lista de algunos libros y autores prominentes que han abordado el tema de los templarios:
No Ficción:
«Los Templarios y la Mesa de Salomón» por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln: Este es uno de los libros más populares y controvertidos sobre los templarios, especulando sobre sus conexiones con el Grial y la genealogía de Jesús.
«Los Templarios: La dramática historia de los Caballeros Templarios, la guardia de élite de Dios» por Piers Paul Read: Un relato histórico sobre la Orden del Temple, desde su fundación hasta su disolución.
«Los Templarios: Los Caballeros de Dios» por Edward Burman: Una visión general de la historia de los templarios y su papel en las Cruzadas.
«El juicio de los templarios» por Malcolm Barber: Barber es uno de los principales historiadores sobre los templarios, y este libro examina el juicio y la disolución de la Orden.
«La Nueva Cruzada Templaria: Historias de la Orden del Temple en la modernidad» por Helen Nicholson: Una exploración de la persistente fascinación con los templarios y su presencia en la cultura moderna.
Ficción:
«El Código Da Vinci» por Dan Brown: Aunque es una novela de ficción, este best-seller internacional trae a los templarios a la trama, especulando sobre secretos ocultos y la búsqueda del Santo Grial.
«El último templario» por Raymond Khoury: Una novela de aventuras que sigue la búsqueda de un secreto templario en la era moderna.
«Los Reyes Malditos» (serie) por Maurice Druon: Esta serie histórica de novelas aborda, entre otros temas, la persecución y el fin de los templarios bajo el reinado de Felipe IV de Francia.
«El Templo» por Stephen R. Lawhead: Una novela que entrelaza la historia de los templarios con una trama moderna.
Estos son solo algunos ejemplos de la extensa literatura disponible sobre los templarios. La fascinación con esta orden ha llevado a una amplia gama de interpretaciones y teorías, desde análisis históricos bien fundamentados hasta especulaciones y ficciones emocionantes.
La tensión entre el papado y la Orden del Temple, más conocidos como los Caballeros Templarios, culminó a principios del siglo XIV. Durante el siglo XIII, los Templarios habían acumulado una inmensa riqueza y poder. Aunque originalmente se establecieron para proteger a los peregrinos en Tierra Santa, con el tiempo, sus actividades se diversificaron, y se involucraron en préstamos, adquirieron tierras en toda Europa y establecieron una vasta red de castillos y propiedades.
Declive en Tierra Santa: Después de las pérdidas en Tierra Santa, incluida la crucial ciudad de Acre en 1291, la razón principal de la existencia de la orden —la defensa de los Estados Cruzados— se puso en cuestión.
Felipe IV de Francia: El rey Felipe IV de Francia, conocido como Felipe el Hermoso, tuvo una relación particularmente conflictiva con los Templarios. Estaba endeudado con la orden debido a préstamos anteriores y veía la riqueza de los Templarios como una solución a sus problemas financieros.
Bajo la dirección de Felipe IV, se hicieron graves acusaciones contra los Templarios. Estos incluían herejía, idolatría, conducta inapropiada durante los rituales de iniciación y otros cargos, muchos de los cuales eran probablemente falsos o exagerados. El 13 de octubre de 1307, Felipe IV ordenó el arresto masivo de Templarios en Francia. Muchos fueron sometidos a tortura para extraer confesiones.
Inicialmente, el Papa Clemente V, que tenía una relación complicada con Felipe IV, estaba inclinado a defender a los Templarios. Sin embargo, después de una serie de eventos y presiones, incluido el secuestro del Papa por parte de agentes de Felipe, Clemente V se volvió más receptivo a las demandas del rey.
En 1312, bajo presión de Felipe IV, el Papa Clemente V disolvió oficialmente la Orden del Temple en el Concilio de Vienne. Jacques de Molay, el último Gran Maestre de los Templarios, fue quemado en la hoguera en 1314 después de retractarse de su confesión anterior, que había sido extraída bajo tortura. Se dice que, mientras estaba en la hoguera, maldijo tanto a Felipe IV como a Clemente V, prediciendo que ambos morirían dentro de un año, lo cual, curiosamente, sucedió.
Las reliquias son objetos que se consideran sagrados debido a su conexión con figuras divinas o santos. Durante la Edad Media, las reliquias eran altamente veneradas y, a menudo, se creía que poseían poderes milagrosos. Los Caballeros Templarios, dada su relación directa con Tierra Santa y su misión original de proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Jerusalén, naturalmente se asocian con estas reliquias. Sin embargo, es importante señalar que muchas de las historias sobre los Templarios y las reliquias se basan en leyendas y especulaciones. Algunas de las reliquias que se rumoreaba estaban en posesión o bajo la protección de los Templarios incluyen:
El Santo Grial: Como se mencionó anteriormente, el Santo Grial es uno de los objetos más emblemáticos asociados con los Templarios, aunque esta conexión es en gran parte el resultado de leyendas y ficciones modernas.
El Arca de la Alianza: Se creía que este antiguo relicario, que según la Biblia contenía las Tablas de la Ley dadas a Moisés, estaba escondido en algún lugar de Jerusalén o en sus alrededores. Algunos teorizan que los Templarios podrían haberla encontrado y escondido en algún lugar.
La Vera Cruz: Se creía que fragmentos de la cruz en la que fue crucificado Jesucristo estaban dispersos por toda Europa. Aunque muchos lugares afirmaban tener un fragmento, algunos creen que los Templarios podrían haber tenido en su posesión un trozo significativo.
El Sudario: Otra reliquia asociada con la crucifixión de Cristo. Aunque el Sudario de Turín es el más famoso, hubo otros sudarios que se afirmaba eran el auténtico. Se especula si los Templarios tuvieron alguno de estos sudarios.
Cabeza de Baphomet: Una de las acusaciones durante el juicio contra los Templarios fue que veneraban una figura o ídolo llamado Baphomet, que algunos afirmaban era una cabeza. Las interpretaciones varían, desde una cabeza humana momificada hasta una cabeza con características demoníacas.
Otros Artefactos: Dada la naturaleza misteriosa de la Orden, se rumoreaba que poseían muchas otras reliquias y artefactos sagrados, aunque no hay evidencia concreta para la mayoría de estas afirmaciones.
La vestimenta de los Caballeros Templarios es una de las imágenes más icónicas y reconocibles de la Edad Media. Estos caballeros monjes llevaban un uniforme distintivo que reflejaba tanto su naturaleza militar como su compromiso religioso.
Manto Blanco: Los Templarios llevaban un manto blanco que simbolizaba su pureza y compromiso religioso. Este manto se llevaba sobre sus armaduras mientras estaban en combate y también cuando realizaban ceremonias religiosas.
Cruz Roja: Sobre el manto blanco, llevaban una cruz roja patada, que se convirtió en el emblema más reconocible de la Orden. La cruz roja simbolizaba el sacrificio y la disposición del caballero a derramar su sangre por la fe cristiana.
Túnica: Bajo el manto, los Templarios llevaban una túnica, que podía ser de color blanco o negro. La túnica negra era común entre los hermanos más jóvenes o aquellos con roles no combatientes.
Capa: Además del manto, a veces se llevaba una capa, que podía ser especialmente útil en climas más fríos o durante la noche.
Coraza o Cota de Malla: En términos de armadura, los Templarios, como otros caballeros de la época, llevaban una cota de malla que cubría tanto el cuerpo como la cabeza. Esto les ofrecía protección contra las espadas y flechas enemigas.
Yelmo o Casco: Para proteger la cabeza, los Templarios usaban un yelmo, que a menudo tenía una protección nasal y, en algunas versiones posteriores, un visor completo.
Zapatos y Guantes: Los zapatos eran generalmente botas de cuero, y también llevaban guantes, especialmente en combate.
Espuelas: Estas se añadían a las botas para montar a caballo, indicando su estatus como caballeros montados.
Cinturón: Llevaban un cinturón, al que a menudo se le colgaba una espada. El cinturón podía llevarse tanto sobre la túnica como sobre el manto.
Es importante señalar que, aunque estos elementos eran estándar para la Orden, había variaciones dependiendo de la función del individuo, la ubicación geográfica y el período específico dentro de la historia de los Templarios. Además, la vestimenta y el equipo evolucionaron con el tiempo, como ocurrió con todas las órdenes militares y armadas de la Edad Media.
Los Caballeros Templarios, como orden monástica, tenían una profunda dedicación a la oración y a la vida espiritual. Aunque la mayoría de sus oraciones no eran exclusivas de la Orden, sino más bien parte de la liturgia cristiana común de la época, los Templarios seguirían la Regla de la Orden del Temple que detallaba sus actividades diarias, incluidas las oraciones y la asistencia a la misa.
Algunos puntos sobre sus prácticas de oración incluyen:
Liturgia de las Horas: Al igual que otros monjes, los Templarios rezaban la Liturgia de las Horas, que es un conjunto de oraciones que se realizan a intervalos regulares a lo largo del día y la noche. Estas horas incluían Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.
Oraciones antes y después de la batalla: Se sabe que los Templarios rezaban antes y después de entrar en combate. Estas oraciones buscaban protección divina, éxito en la batalla y, después, daban gracias por su supervivencia y pedían el descanso de aquellos que habían caído.
Oraciones durante la iniciación: Cuando un nuevo miembro era admitido en la Orden, había una serie de oraciones y rituales asociados con su iniciación.
Oraciones específicas: Aunque la mayoría de las oraciones de los Templarios eran comunes a la liturgia cristiana, es posible que tuvieran algunas oraciones específicas para su Orden. Sin embargo, las referencias directas a estas oraciones específicas son escasas, y mucho de lo que se sugiere sobre ellas en la cultura popular moderna es especulativo.
Devoción a la Virgen María: La Orden tenía una especial devoción a la Virgen María, y es probable que recitaran oraciones y cantos en su honor con regularidad.
La ceremonia de iniciación de los Templarios, como la de otras órdenes monásticas, estaba rodeada de secreto y solemnidad. Aunque no se dispone de un registro completo y detallado de todas las oraciones y rituales exactos utilizados durante las ceremonias de iniciación de los Templarios, sí se sabe que el proceso era riguroso y se llevaba a cabo con gran seriedad.
Lo que se sabe sobre la iniciación se deriva en gran parte de la «Regla de la Orden del Temple«, un conjunto de directrices que regían la vida diaria y las prácticas de la Orden. Aquí hay un resumen general de lo que podríamos esperar en la ceremonia de iniciación basado en registros históricos y la propia Regla:
Petición de Ingreso: El postulante debía pedir repetidamente ser admitido, mostrando su voluntad y determinación. Durante este tiempo, se le interrogaba sobre su motivación, su pasado y si estaba libre de deudas y obligaciones.
Pruebas y Escrutinio: Antes de ser admitido, se investigaba al postulante para asegurarse de que era digno y que no pertenecía ya a otra orden monástica.
Advertencia sobre la Dificultad de la Vida Templaria: Se le advertía al postulante sobre las rigurosidades y desafíos de la vida templaria, dándole la oportunidad de retirarse si no estaba totalmente comprometido.
Votos Monásticos: Si decidía continuar, el postulante tenía que pronunciar votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia.
Oración y Bendición: Después de los votos, los presentes rezarían por el nuevo hermano y recibiría la bendición del maestro o del preceptor de la Orden. Durante este momento sagrado, se pronunciarían oraciones específicas pidiendo la guía y protección divina para el nuevo miembro.
Entrega del Manto y la Cruz: Finalmente, al nuevo Templario se le otorgaba su manto blanco con la cruz roja, simbolizando su plena admisión en la Orden.
Es importante señalar que, durante el proceso de disolución de la Orden del Temple, surgieron rumores y acusaciones sobre rituales heréticos y blasfemos supuestamente realizados durante la iniciación. Sin embargo, muchos historiadores consideran que estas acusaciones fueron fabricadas o exageradas para justificar la persecución y eventual supresión de la Orden.






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