Los Jardines Colgantes de Babilonia son una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Aunque no hay pruebas arqueológicas concluyentes de su existencia, numerosos relatos históricos antiguos los describen. Se cree que estaban ubicados cerca de la ciudad de Babilonia, cerca del actual Bagdad en Irak. Según las descripciones, los jardines no «colgaban» en el sentido literal del término. Más bien, consistían en terrazas de piedra construidas una encima de la otra, lo que daba la ilusión de un jardín montañoso. Se piensa que las terrazas estaban construidas sobre una estructura de ladrillos y arcilla.

Los jardines fueron construidos por el rey Nabucodonosor II alrededor del año 600 a.C. para complacer a su esposa, Amytis de Media, que extrañaba las montañas y verdes paisajes de su tierra natal. Uno de los mayores misterios de los jardines es cómo se regaban. Babilonia tenía un clima muy cálido y árido, lo que hacía necesario un sistema eficiente de riego. Se cree que podría haber empleado un sistema de acueductos o una cadena de baldes para transportar agua desde el río Éufrates hasta los niveles superiores del jardín.

Los detalles sobre cuándo y cómo desaparecieron los jardines son inciertos. Algunas teorías sugieren que fueron destruidos por un terremoto en el siglo II a.C., mientras que otras creen que se deterioraron gradualmente con el tiempo. A pesar de la falta de evidencia física, los Jardines Colgantes de Babilonia han cautivado la imaginación de muchas generaciones y continúan siendo un símbolo de la ingeniería y belleza del mundo antiguo.

Aunque no hay evidencia arqueológica directa, muchos escritores antiguos mencionaron los jardines en sus escritos. Filón de Bizancio, Estrabón y Filostrato son algunos de los historiadores que dieron descripciones de los jardines, aunque nunca los vieron por sí mismos. Sus descripciones se basan en relatos de otros, lo que ha llevado a cierta especulación y debate sobre la autenticidad y apariencia real de los jardines.

Debido a la falta de evidencia directa, algunos sugieren que los jardines podrían haber estado en otro lugar, como Nínive, y no en Babilonia. Otros creen que las descripciones de los jardines son el resultado de una amalgama de diferentes lugares y cuentos a lo largo del tiempo. A pesar de las incertidumbres sobre su existencia, los Jardines Colgantes han tenido un impacto duradero en la literatura, el arte y la cultura popular. Han inspirado numerosas representaciones en pinturas, novelas y otras formas de arte a lo largo de los siglos.

Durante el siglo XX y principios del XXI, varios arqueólogos han intentado localizar restos de los Jardines Colgantes en la región de Babilonia. Aunque se han descubierto estructuras y sistemas de irrigación impresionantes, no se ha encontrado una evidencia definitiva que corrobore la existencia de los jardines tal y como se describen en las fuentes antiguas.

Más allá de su estatus como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, los Jardines Colgantes son un recordatorio de la grandeza de las antiguas civilizaciones y de su capacidad para crear maravillas arquitectónicas y artísticas. También son un testimonio del deseo humano de recrear y embellecer la naturaleza, y de la capacidad de las historias para trascender el tiempo y el espacio.

Una de las razones por las que los Jardines Colgantes de Babilonia han persistido en la imaginación colectiva puede deberse a la naturaleza misteriosa y evasiva de su existencia. Hay algo cautivador en una maravilla que, aunque ampliamente reconocida y aclamada, se esconde de la confirmación histórica directa. Esta mezcla de historia y mito ha permitido que cada generación reinterprete y se imagine los jardines a su manera.

La idea de jardines en terrazas y de integrar vegetación en la arquitectura no es única de Babilonia, pero la leyenda de los Jardines Colgantes ha inspirado directa o indirectamente numerosos proyectos arquitectónicos y paisajísticos en todo el mundo. Desde jardines en azoteas en edificios modernos hasta parques urbanos que buscan fusionar lo natural con lo construido, el concepto de «jardines colgantes» sigue vivo.

La fascinación por los Jardines Colgantes ha trascendido la historia y la arqueología. Aparecen en videojuegos, películas, series de televisión y literatura, donde suelen ser representados como lugares de majestuosidad y belleza, a menudo imbuidos de un aire místico o mágico. A lo largo de los años, algunos investigadores han propuesto que los «jardines colgantes» podrían no haber sido jardines en absoluto. En cambio, podrían haber sido una descripción metafórica o poética de algún otro tipo de estructura o aspecto de la ciudad de Babilonia.

La búsqueda de los Jardines Colgantes y el debate en torno a su existencia subrayan la importancia de la interpretación en la arqueología y cómo la falta de evidencia concreta puede dar lugar a múltiples teorías. También destaca cómo las antiguas maravillas y mitos pueden influir en las prioridades y enfoques de las excavaciones arqueológicas modernas.

El enigma de los Jardines Colgantes de Babilonia ilustra cómo la historia, la mitología, la cultura y la arqueología pueden entrelazarse para crear narrativas duraderas. Ya sea que los jardines hayan existido realmente o sean fruto de la imaginación colectiva, su historia continúa fascinando y motivando la exploración y el descubrimiento.

En cuanto a Nabucodonosor II, es uno de los reyes más famosos del Imperio Babilónico. Reinó entre el 604 y el 562 a.C. y es conocido por sus logros militares, arquitectónicos y por su mencionado papel en las historias bíblicas. El citado monarca expandió y consolidó el imperio babilónico. Es conocido por la destrucción del Templo de Salomón en Jerusalén en el 587 a.C. y por la deportación de numerosos judíos a Babilonia, un evento que se conoce como el Exilio Babilónico.

Es famoso por embellecer la ciudad de Babilonia. Bajo su liderazgo, se reconstruyeron y embellecieron muchas partes de la ciudad, incluida la construcción de la puerta de Ishtar y la reconstrucción de los muros de la ciudad. También se dice que construyó los Jardines Colgantes de Babilonia para complacer a su esposa, aunque la existencia de estos jardines sigue siendo objeto de debate.

Nabucodonosor II es mencionado varias veces en la Biblia, especialmente en el Libro de Daniel. Se le describe como un rey poderoso que, después de un período de locura y humildad, reconoció la soberanía del Dios de Israel. La historia del sueño de Nabucodonosor, interpretado por Daniel, y su transformación en «bestia» son relatos destacados.

Su reinado es considerado por muchos historiadores como el punto álgido del Imperio Babilónico. Bajo su dirección, Babilonia se convirtió en una de las ciudades más magníficas de la antigüedad. Tras su muerte en el 562 a.C., fue sucedido por su hijo, Amel-Marduk (a menudo identificado como Evil-Merodach en la Biblia). Sin embargo, el imperio babilónico comenzó a declinar después de su muerte, siendo finalmente conquistado por los persas bajo el liderazgo de Ciro el Grande en el 539 a.C.

Amytis de Media es una figura histórica menos conocida en comparación con su esposo, Nabucodonosor II, pero aún así ha dejado su marca en la leyenda y la historia. Amytis era una princesa de Media, una región que abarcaba partes del actual Irán y otros territorios cercanos. Era hija del rey Astiages de Media.

Se cree que su matrimonio con Nabucodonosor II fue una alianza política, una práctica común en la antigüedad para solidificar relaciones y formar alianzas entre reinos. Estas uniones a menudo se llevaban a cabo para asegurar la paz entre dos naciones o para consolidar el poder.

La leyenda más famosa asociada con Amytis es la creación de los Jardines Colgantes de Babilonia. Se dice que añoraba las verdes montañas y paisajes de su tierra natal en Media. Para consolarla y hacerla sentir más en casa en la planicie de Babilonia, Nabucodonosor II supuestamente construyó los Jardines Colgantes, una maravilla de terrazas verdes que simulaban las montañas.

La polémica en torno a la ubicación real y la existencia de los Jardines Colgantes se ha intensificado en las últimas décadas, especialmente con los avances en la arqueología y el estudio de textos antiguos. Una de las teorías alternativas sugiere que los verdaderos jardines podrían haber estado ubicados en Nínive, no en Babilonia. A continuación, se detalla la controversia:

A pesar de las extensas excavaciones realizadas en el sitio de la antigua Babilonia, no se ha encontrado evidencia arqueológica directa de los Jardines Colgantes. Dado que Babilonia ha sido un foco de investigación arqueológica, esta ausencia ha llevado a algunos a cuestionar si los jardines existieron realmente allí. Algunos textos antiguos que describen la maravilla no mencionan específicamente Babilonia como su ubicación. Esto ha abierto la puerta a interpretaciones alternativas.

La teoría de Nínive se basa, en parte, en la existencia de relieves asirios descubiertos en el palacio de Asurbanipal en Nínive. Estos relieves muestran jardines que se asemejan a la descripción de los jardines «colgantes». Además, hay textos que describen los jardines y sistemas de riego que Asurbanipal construyó en Nínive, lo que lleva a algunos a creer que tal vez la maravilla estaba realmente allí.

La confusión entre Babilonia y Nínive podría deberse a la transmisión oral y a la posterior documentación por parte de historiadores que no visitaron directamente ninguno de los sitios. Con el tiempo, las historias sobre jardines en Nínive podrían haberse fusionado con las de Babilonia, especialmente dado que ambos lugares eran centros prominentes en la antigüedad.

Mientras que la mayoría de las fuentes que describen los jardines son secundarias (escritas por personas que no los vieron directamente), es importante destacar que no hay fuentes primarias conocidas de Babilonia que mencionen los jardines. Esto ha sido un punto clave en la argumentación a favor de la teoría de Nínive.

A pesar de las teorías y evidencias presentadas, el debate sigue siendo inconcluso. Mientras que algunos investigadores y arqueólogos apoyan la teoría de Nínive, otros sostienen que los Jardines Colgantes estaban en Babilonia pero simplemente no han sido descubiertos o han sido destruidos con el tiempo.

Babilonia fue una de las ciudades más significativas de la antigüedad, situada cerca del actual Bagdad, en Irak. Fue un centro importante tanto cultural como políticamente en varias etapas de la historia antigua. Babilonia se originó como una pequeña ciudad-estado en el territorio de la antigua Sumeria, alrededor del 2300 a.C.

El primer gran imperio babilónico se formó bajo el liderazgo de Hammurabi (1792-1750 a.C.), quien es famoso por el Código de Hammurabi, uno de los conjuntos de leyes escritas más antiguos conocidos. Durante un período, Babilonia estuvo bajo el dominio de los asirios. Sin embargo, siempre mantuvo su importancia cultural y espiritual.

El período neo-babilónico (626-539 a.C.) es tal vez el más famoso. Durante este tiempo, bajo reyes como Nabopolasar, Nabucodonosor II y otros, Babilonia experimentó un renacimiento y se convirtió en el centro del mundo conocido. Es durante este período que se dice que los Jardines Colgantes fueron construidos y cuando tuvo lugar la destrucción del Templo de Salomón en Jerusalén y el consiguiente exilio babilónico de los judíos.

En el 539 a.C., Babilonia fue conquistada pacíficamente por Ciro el Grande del Imperio Persa. La ciudad continuó siendo un centro cultural y administrativo bajo los persas. Babilonia también experimentó dominio bajo los imperios helenístico y parto, pero su importancia gradualmente disminuyó, especialmente con el auge de ciudades como Seleucia y más tarde Ctesifonte.

Babilonia fue un centro de aprendizaje y religión. El ziggurat Etemenanki en Babilonia se cree que es la inspiración para la historia bíblica de la Torre de Babel. Además, muchas divinidades mesopotámicas, como Marduk, eran adoradas principalmente en Babilonia. Aunque Babilonia ya no es la metrópolis que fue alguna vez, su legado persiste.

Ha dejado una huella imborrable en la historia, la religión, la ley y la cultura. Sus ruinas, aunque en un estado de deterioro, todavía existen y son un testimonio de su antigua grandeza. Babilonia ha sido tanto idealizada como demonizada en diferentes tradiciones y literaturas, desde ser la «joya de los reinos» en textos antiguos hasta la «gran prostituta» en el libro bíblico del Apocalipsis. Sin embargo, su impacto en la civilización es indiscutible.

La Puerta de Ishtar es una de las construcciones más famosas de la antigua Babilonia. Sirvió como una de las principales entradas a la ciudad y es conocida por su magnificencia y detallado trabajo artístico. La Puerta de Ishtar fue construida alrededor del 575 a.C. por el rey Nabucodonosor II durante su proceso de embellecimiento y reconstrucción de Babilonia.

La puerta estaba decorada con ladrillos esmaltados de azul intenso. Los ladrillos mostraban diseños de dragones y toros en un patrón alternante, representando a las deidades Marduk y Adad respectivamente. Los relieves estaban moldeados en ladrillos de colores, creando un impresionante contraste con el azul predominante. Además de ser una entrada ceremonial a la ciudad, la puerta también servía como una declaración de poder y grandeza. Su construcción tenía la intención de impresionar y demostrar la majestuosidad de Babilonia.

La puerta lleva el nombre de Ishtar, la diosa babilónica del amor, la belleza, la guerra y la fertilidad. Su nombre muestra la importancia de la deidad dentro de la religión y la cultura babilónicas. Aunque la puerta original ha sido destruida, los restos de la Puerta de Ishtar fueron descubiertos y excavados a principios del siglo XX por el arqueólogo alemán Robert Koldewey. Muchos de los ladrillos originales fueron llevados a Alemania y una reconstrucción de la puerta se exhibe en el Museo de Pérgamo en Berlín.

La puerta original formaba parte de las murallas interiores de la ciudad y estaba ubicada cerca del ziggurat Etemenanki y el principal templo de Marduk. Además de la Puerta de Ishtar, había otra entrada monumental llamada la Puerta de la Procesión, que se usaba para las ceremonias religiosas y las festividades. La Puerta de Ishtar no es solo un testimonio de la habilidad y el arte de los babilonios, sino que también simboliza la esencia de Babilonia como centro de poder, religión y cultura en el mundo antiguo.

Marduk es una de las divinidades más prominentes de la mitología mesopotámica, especialmente en el panteón babilónico. Con el tiempo, Marduk ascendió en importancia y llegó a ser considerado el dios principal de Babilonia. Originalmente, Marduk era una divinidad local menor de la ciudad de Babilonia, asociado con la vegetación y el agua.

Con el auge político y militar de Babilonia, especialmente durante el primer milenio a.C., Marduk también ascendió en el panteón mesopotámico. Bajo el reinado de Hammurabi (aprox. 1792-1750 a.C.) y otros reyes babilónicos, se consolidó como la deidad principal del imperio. Enuma Elish, este antiguo poema babilónico narra la historia de la creación y el ascenso de Marduk. En este mito, Marduk es elegido por los dioses para luchar contra Tiamat, una diosa del caos. Después de vencerla, crea el mundo a partir de su cuerpo y se establece como el dios supremo. Este poema no solo subraya la primacía de Marduk, sino que también se recitaba durante el Akitu, el festival de año nuevo babilónico, para reafirmar su posición.

Marduk es a menudo representado con su dragón mascota, llamado Mushhushshu. También se le asocia con el rayo, el toro y, en ocasiones, con el cetro y el compás, símbolos de autoridad y creación respectivamente. El principal lugar de culto de Marduk era el Esagila, un templo en Babilonia. Cerca de este templo se encontraba el ziggurat Etemenanki, que algunos creen que pudo haber inspirado la historia bíblica de la Torre de Babel.

Alejandro Magno y Babilonia tienen una relación histórica significativa, especialmente en el contexto de las conquistas del joven macedonio y sus ambiciones para la ciudad. Alejandro Magno conquistó Babilonia en 331 a.C., después de su victoria sobre el rey persa Darío III en la Batalla de Gaugamela. La ciudad se rindió pacíficamente a Alejandro, y él entró en Babilonia como un liberador.

Alejandro vio el potencial de Babilonia como un centro administrativo y logístico. Tenía planes de convertir Babilonia en la capital de su vasto imperio, una especie de puente entre Oriente y Occidente. Alejandro comenzó varios proyectos en la ciudad. Ordenó la restauración del ziggurat Etemenanki y otros templos importantes. También quiso realizar mejoras en los sistemas de canales y drenaje de Babilonia, pues reconocía la importancia de estos sistemas para la agricultura y el bienestar de la ciudad.

En 323 a.C., después de una serie de banquetes y actividades en Babilonia, Alejandro Magno enfermó y murió en el palacio real de Nebucodonosor II en Babilonia a la edad de 32 años. Las circunstancias exactas de su muerte siguen siendo motivo de debate entre los historiadores, con teorías que van desde causas naturales hasta envenenamiento.

Tras su muerte, sus generales (los diádocos) se disputaron el control de su vasto imperio, y Babilonia, aunque continuó siendo un centro importante, gradualmente perdió su estatus primordial. Con el tiempo, ciudades como Seleucia, fundada por uno de los generales de Alejandro, Seleuco I Nicátor, eclipsaron a Babilonia en términos de importancia política y comercial.

A pesar de su muerte prematura, el impacto de Alejandro Magno en Babilonia y en otras regiones que conquistó fue duradero. La fusión de culturas griegas y orientales, conocida como cultura helenística, dejó una marca indeleble en la historia del antiguo Oriente Próximo.


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