Paracelso, cuyo nombre real era Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, fue un influyente médico, alquimista, astrólogo y ocultista suizo-alemán del siglo XVI (1493 – 1541). Paracelso nació en Einsiedeln, Suiza. Su padre, un médico y químico, fue quien inicialmente lo introdujo en el estudio de las ciencias naturales y la medicina. En 1510, se matriculó en la Universidad de Basilea, donde estudió alquimia, entre otras disciplinas.

Después de sus estudios, viajó por Europa, Asia y África, aprendiendo sobre medicina, química, minería y varias otras disciplinas de médicos, alquimistas, magos y herboristas. Aprendió no solo de académicos y eruditos, sino también de curanderos populares y tradiciones médicas locales. Este enfoque diverso y abierto a la medicina fue uno de los aspectos que distinguió a Paracelso de muchos de sus contemporáneos.

Es conocido por su reforma de la teoría y la práctica de la medicina. En lugar de depender del antiguo modelo griego de los cuatro humores, propuso que el cuerpo era más bien una química de tres sustancias: sal, azufre y mercurio. Paracelso también es famoso por introducir la noción de que las dosis hacen al veneno, un principio fundamental en la toxicología moderna.

Además, fue uno de los primeros médicos en proponer que la enfermedad se producía por agentes externos (como bacterias) en lugar de los desequilibrios de los humores internos, un enfoque que anticipa muchas de las ideas de la medicina moderna.

En cuanto a su contribución al ocultismo y al esoterismo, Paracelso es conocido por combinar la ciencia y la magia en su práctica médica. Creía en la existencia de seres sobrenaturales, tales como los elementales, y en la eficacia de los talismanes y los amuletos. Asimismo, consideraba que las enfermedades podían tener causas tanto naturales como sobrenaturales.

Fue pionero en la idea de que el universo está regido por leyes ocultas, y que el conocimiento de estas leyes permite manipular la realidad. Este enfoque esotérico de la medicina fue extremadamente influyente en las tradiciones esotéricas y ocultistas posteriores. De hecho, muchas de las ideas de Paracelso, desde su énfasis en el conocimiento empírico hasta su creencia en la interconexión de todas las cosas, se encuentran en la raíz de la filosofía hermética, una tradición esotérica que ha influido en gran medida en la alquimia, la astrología, el tarot y muchas otras prácticas esotéricas y ocultistas.

Su obra más importante es «Die große Wundarzney» (Gran Cirugía), que resume muchas de sus teorías médicas. Esta obra, junto con sus numerosos otros escritos sobre medicina, alquimia y filosofía natural, han tenido un impacto duradero no solo en la medicina y la ciencia, sino también en la historia del ocultismo y el esoterismo. Aunque controvertido durante su vida y después de ella, Paracelso sigue siendo una figura fascinante y enigmática en la historia de la medicina y del pensamiento esotérico.

Los elementales, según la tradición esotérica y la alquimia, son seres espirituales o entidades conectadas con los elementos clásicos: tierra, aire, fuego y agua. Paracelso fue uno de los primeros en hablar detalladamente sobre ellos y les dio algunos de los nombres que todavía se utilizan hoy en día.

Según Paracelso, estos seres no son ni buenos ni malos por naturaleza, sino que siguen su propia moral y su propia lógica, que es ajena a los seres humanos. Aquí está su clasificación de los elementales:

Gnomos: Son los espíritus de la tierra. Paracelso los describe como seres que pueden moverse a través de la tierra sólida como los humanos se mueven a través del aire. A menudo se los asocia con los tesoros ocultos en la tierra.

Ondinas o Ninfas: Son los espíritus del agua, a menudo visualizados como formas parecidas a las sirenas. Según Paracelso, son capaces de controlar el flujo de agua y pueden ser encontrados en cuerpos de agua como ríos, lagos y océanos.

Silfos: Son los espíritus del aire. Se los describe como seres que se mueven con el viento, y a menudo se asocian con la inspiración y los sueños.

Salamandras: Son los espíritus del fuego. Según Paracelso, estos seres viven en las llamas y pueden cambiar su tamaño y forma a voluntad.

Para Paracelso, el mundo de los elementales estaba tan lleno de seres como el mundo natural que podemos ver y tocar. Creía que los seres humanos podrían interactuar con estos espíritus y que los alquimistas y los médicos en particular debían conocer sus propiedades y comportamientos, ya que su trabajo implicaba tratar con los cuatro elementos.

Además, Paracelso también consideró que estos seres estaban conectados con ciertas enfermedades y que podían ser invocados o aplacados para curar ciertas dolencias. Esta idea de que la salud y la enfermedad están ligadas a las fuerzas espirituales y naturales fue una parte integral de su enfoque holístico y esotérico de la medicina.

Paracelso tenía una visión muy detallada y elaborada de los seres elementales, que ha tenido una gran influencia en la tradición esotérica y ocultista posterior. Muchos ocultistas, desde la Orden Hermética de la Aurora Dorada hasta los neopaganos modernos, han adoptado y ampliado sus ideas sobre los elementales.

Además de los cuatro tipos de elementales que Paracelso describió asociados con los elementos clásicos (gnomos para la tierra, ondinas o ninfas para el agua, silfos para el aire y salamandras para el fuego), algunas tradiciones esotéricas y neopaganas han expandido este concepto para incluir a otros seres relacionados con aspectos más específicos de la naturaleza o con otros elementos.

Por ejemplo, en algunas tradiciones, se considera que hay elementales de madera, metal, luz, oscuridad, tiempo, electricidad, entre otros. Estos elementales suelen ser menos comunes y están menos definidos que los asociados con los cuatro elementos clásicos, pero forman parte de la rica tapeztria de seres que pueblan el mundo espiritual en muchas creencias esotéricas y paganas.

Además, cabe mencionar que el concepto de elemental puede variar ampliamente dependiendo de la tradición. En algunas culturas, los elementales son seres espirituales poderosos que deben ser respetados y apaciguados. En otras, pueden ser considerados como espíritus menores o incluso como manifestaciones de la energía natural, en lugar de como seres con su propia conciencia y voluntad.

En general, el término «elemental» se utiliza para describir una amplia variedad de seres y conceptos en diversas tradiciones esotéricas, cada una con su propia interpretación y entendimiento de lo que estos seres son y cómo interactúan con el mundo.

Además, algunos esotéricos del siglo XIX y XX, como los teósofos y los miembros de la Orden Hermética del Amanecer Dorado, introdujeron el concepto de un quinto elemental, llamado «espíritu» o «éter«, asociado con el quinto elemento platónico del mismo nombre. Este elemental, llamado a veces espíritu de la tierra, es a menudo visto como un tipo de elemental superior que coordina y dirige a los otros cuatro. Sin embargo, esta concepción no se encuentra en la obra de Paracelso, y es una adición posterior a la teoría elemental.

Paracelso sostenía que, además de las leyes físicas evidentes en la naturaleza, existían leyes ocultas o esotéricas que gobiernan el universo. Estas leyes eran vistas como conexiones y relaciones subyacentes entre todas las cosas, visibles e invisibles.

Paracelso creía que el universo estaba imbuido de un «espíritu universal» o «arqueus«, y que todas las cosas, vivas e inanimadas, estaban conectadas a través de este espíritu. Este concepto es similar a la noción de una fuerza vital o «energía vital» en muchas tradiciones espirituales y esotéricas.

Este espíritu universal o ARQUEUS no sólo conectaba todas las cosas, sino que también gobernaba todas las operaciones y transformaciones en la naturaleza. Paracelso lo consideraba como el verdadero agente detrás de los fenómenos naturales, y a las leyes físicas y químicas como sus manifestaciones externas.

En este sentido, Paracelso fue uno de los primeros en proponer una visión unificada de la ciencia y la espiritualidad. Para él, la verdadera sabiduría implicaba el conocimiento tanto de las leyes físicas como de las leyes espirituales, y creía que los grandes sabios y los verdaderos alquimistas eran aquellos que podían ver más allá de la superficie de la realidad para percibir las conexiones y las leyes ocultas que la gobiernan.

Esta visión tiene varias implicaciones prácticas. Por un lado, implicaba que la curación y la medicina no sólo involucraban el tratamiento del cuerpo físico, sino también la intervención en el nivel del espíritu. Por otro lado, sugería que el conocimiento de las leyes ocultas permitía manipular la realidad de formas que iban más allá de lo que la ciencia ordinaria considera posible.

Estas ideas fueron enormemente influyentes en el desarrollo del ocultismo y la magia ceremonial en la Europa moderna, y también han influido en numerosas tradiciones esotéricas y espirituales en todo el mundo. Aunque Paracelso fue un personaje controvertido en su tiempo, su impacto en la historia del pensamiento esotérico y científico es indudable.


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