Los manuscritos del Mar Muerto, también conocidos como los Rollos del Mar Muerto, son una colección de textos judíos que fueron descubiertos entre 1947 y 1956 en once cuevas cerca del asentamiento de Qumran, en la orilla noroeste del Mar Muerto, en el actual territorio de Israel.
Los textos están escritos en hebreo, arameo y griego, y abarcan una amplia gama de géneros y temas. Incluyen manuscritos bíblicos, apócrifos (es decir, textos que no fueron incluidos en la Biblia canónica), textos de sectas judías, documentos legales y literarios, entre otros.
Estos rollos son de gran importancia para la investigación histórica y teológica ya que ofrecen una visión detallada de la vida judía y las creencias religiosas en los siglos que rodean el nacimiento de Cristo. También son los manuscritos más antiguos del Antiguo Testamento que se conocen, lo que los convierte en una fuente valiosa para el estudio de la Biblia.
Se cree que los manuscritos fueron escritos o recopilados por una secta judía conocida como los Esenios, aunque hay debate académico sobre esto. Los Esenios eran una comunidad ascética que vivía apartada en el desierto, practicando un estricto código de conducta y dedicada al estudio y la copia de textos sagrados.
El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto ha proporcionado una gran cantidad de información sobre el judaísmo del Segundo Templo, así como sobre los orígenes del cristianismo. La colección incluye los manuscritos más antiguos conocidos de los libros del Antiguo Testamento, así como otros escritos religiosos y seculares. Aunque la mayoría de los rollos se encuentran ahora en el Museo de Israel, la propiedad y el acceso a los rollos han sido motivo de disputa y controversia a lo largo de los años.
Después de su descubrimiento, los Rollos del Mar Muerto pasaron a ser propiedad de diferentes entidades e individuos, y la tarea de su traducción y publicación fue lenta y complicada. Durante mucho tiempo, solo un pequeño grupo de académicos tuvo acceso a los rollos completos, lo que causó controversia en la comunidad académica. No fue hasta la década de 1990 que los textos se hicieron disponibles para todos los investigadores.
La mayoría de los Rollos del Mar Muerto se conservan ahora en la Autoridad de Antigüedades de Israel. Algunos rollos y fragmentos se encuentran en otras instituciones y colecciones privadas. Las tecnologías modernas de imagen y digitalización han permitido a los investigadores y al público en general acceder a estas antiguas escrituras de formas nunca antes posibles.
En cuanto a su contenido, los Rollos del Mar Muerto proporcionan un valioso conocimiento de la vida y las prácticas religiosas durante el período del Segundo Templo. Los textos bíblicos encontrados entre los rollos son especialmente significativos porque son los más antiguos ejemplares conocidos de la Biblia hebrea. Estos incluyen libros que son parte del canon judío (la Torah y los libros de los Profetas), así como textos que los cristianos consideran parte de su Antiguo Testamento.
Además de su relevancia teológica y cultural, los Rollos del Mar Muerto también han sido esenciales para el campo de la paleografía, que es el estudio de las escrituras antiguas. Los rollos han ayudado a los expertos a entender mejor la evolución de la escritura hebrea, desde el estilo paleo-hebreo hasta el estilo cuadrado que se utiliza hoy en día.
En cuanto a su estado de conservación, los rollos son extremadamente frágiles debido a su antigüedad. Muchos fueron encontrados en fragmentos y tuvieron que ser meticulosamente reensamblados. A lo largo de las décadas, los expertos han utilizado una variedad de técnicas para preservar los rollos y evitar más daños.
Los Rollos del Mar Muerto no contienen los evangelios del Nuevo Testamento como los conocemos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Los manuscritos fueron escritos entre el segundo siglo a.C. y el primer siglo d.C., por lo que preceden a la escritura y compilación de los evangelios del Nuevo Testamento.
Los evangelios apócrifos, también conocidos como evangelios extracanónicos o evangelios no canónicos, son textos del siglo I al siglo IV d.C. que llevan el nombre de «evangelio», pero que la Iglesia cristiana no incluyó en el canon del Nuevo Testamento.
Muchos de estos evangelios contienen narraciones de la vida de Jesús, su ministerio y sus enseñanzas, pero difieren en varios aspectos de los cuatro evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Algunos pueden contener información histórica valiosa, pero otros son claramente obras de ficción piadosa.
Entre los evangelios apócrifos más conocidos están el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Pedro, el Evangelio de María Magdalena, el Evangelio de Judas y los Evangelios Infantes (que relatan la infancia de Jesús). Estos textos proporcionan una visión de la diversidad del pensamiento cristiano en los primeros siglos después de Cristo, y a menudo reflejan diferentes corrientes teológicas y filosóficas dentro del cristianismo temprano.
Cabe destacar que los evangelios apócrifos no se encontraron entre los Rollos del Mar Muerto. Sin embargo, muchos de estos textos se descubrieron en otros lugares, como en la Biblioteca de Nag Hammadi en Egipto en 1945.
Los evangelios apócrifos ofrecen una perspectiva fascinante de la diversidad del cristianismo primitivo y de las muchas formas en que las personas trataban de entender y representar la figura de Jesús. Sin embargo, también presentan desafíos para los historiadores y teólogos.
Uno de esos desafíos es la cuestión de la autenticidad y la autoría. Aunque estos evangelios llevan el nombre de discípulos y figuras importantes, la mayoría de los eruditos están de acuerdo en que es poco probable que hayan sido escritos por las personas a las que se atribuyen. Muchos de estos textos probablemente fueron escritos en el siglo II o posterior, mucho después de la época de Jesús.
Otro desafío es la interpretación. Muchos de estos evangelios reflejan corrientes teológicas que estaban presentes en el cristianismo primitivo pero que luego fueron consideradas heterodoxas, como el gnosticismo. El gnosticismo era un movimiento religioso y filosófico que sostenía que la salvación se alcanza a través del conocimiento secreto, o gnosis. Varios de los evangelios apócrifos, incluyendo el Evangelio de Tomás y el Evangelio de Judas, contienen elementos que han sido interpretados como gnosticismo.
Pero a pesar de estos desafíos, los evangelios apócrifos siguen siendo un recurso valioso para los eruditos. Pueden proporcionar información sobre la diversidad del cristianismo primitivo y sobre las formas en que diferentes comunidades entendían a Jesús y sus enseñanzas. También pueden arrojar luz sobre las formas en que el canon del Nuevo Testamento se formó y evolucionó.
El Evangelio de Tomás es una colección de 114 dichos atribuidos a Jesús. En lugar de narrar la vida y los milagros de Jesús, como hacen los Evangelios canónicos, el Evangelio de Tomás se presenta como una lista de enseñanzas secretas de Jesús. Algunos de estos dichos son muy similares a los encontrados en los Evangelios canónicos, mientras que otros son únicos y algunos son bastante crípticos.
Este Evangelio no fue incluido en el canon del Nuevo Testamento, posiblemente debido a su formato único y a algunas de sus enseñanzas. Algunos eruditos han sugerido que el Evangelio de Tomás puede reflejar una corriente de «cristianismo gnóstico«, aunque esto es tema de debate. El texto fue descubierto en la biblioteca de Nag Hammadi en Egipto en 1945.
El Evangelio de Judas, por otro lado, es un texto más recientemente descubierto que ofrece una reinterpretación radical de la figura de Judas Iscariote. En lugar de presentar a Judas como el traidor que entrega a Jesús a las autoridades, como en los Evangelios canónicos, el Evangelio de Judas presenta a Judas como el discípulo más cercano a Jesús, el único que comprende plenamente sus enseñanzas y que actúa según las instrucciones de Jesús al entregarlo.
El Evangelio de Judas también refleja ideas gnósticas, con su énfasis en el conocimiento secreto y su visión de un universo espiritual complejo. Este evangelio fue descubierto en Egipto en la década de 1970, pero no fue traducido y publicado hasta 2006. Ambos textos, aunque no son aceptados como canónicos por las principales ramas del cristianismo, proporcionan una visión fascinante de la diversidad de pensamiento y creencia en los primeros siglos del cristianismo.
El Evangelio de Pedro: Este es uno de los evangelios apócrifos más antiguos, y es notable por ser el único evangelio apócrifo que contiene una narración de la resurrección de Jesús. La versión que tenemos es un fragmento, y su contenido incluye el juicio de Jesús, su crucifixión, su resurrección y las reacciones de los judíos y romanos a estos eventos. Algunas partes del Evangelio de Pedro parecen ser variantes de los relatos de la Pasión y la Resurrección encontrados en los Evangelios canónicos.
El Evangelio de María Magdalena: Este texto, a veces simplemente llamado el Evangelio de María, es notable por presentar a María Magdalena como una discípula destacada que tiene visiones y recibe enseñanzas secretas de Jesús. Es uno de los pocos textos gnósticos, o incluso del cristianismo temprano, que lleva el nombre de una mujer. Es un texto relativamente corto y fragmentario, y su contenido se centra en diálogos en lugar de en la narración de eventos.
Los Evangelios Infantes: Hay varios evangelios apócrifos que se centran en la infancia de Jesús, entre los que se incluyen el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio del Pseudo-Mateo y el Evangelio de la Infancia de Tomás. Estos textos contienen historias sobre el nacimiento de Jesús, sus primeros años y los milagros que se dice que realizó cuando era niño. Muchas de estas historias son bastante fantásticas y difieren notablemente de los relatos de los Evangelios canónicos.
El Evangelio de Felipe: Este texto, encontrado en la biblioteca de Nag Hammadi, es una serie de dichos y reflexiones, muchas de las cuales tratan sobre rituales sacramentales y sobre la naturaleza del matrimonio y la pureza. Es famoso porque en él se hace referencia a María Magdalena como compañera de Jesús, lo que ha llevado a algunas especulaciones en la cultura popular.
El Evangelio de los ebionitas: Este es un evangelio perdido, del que sólo se conocen fragmentos citados por el Padre de la Iglesia, Epifanio de Salamis. Los ebionitas eran una secta del cristianismo primitivo que insistía en la necesidad de seguir la ley judía y el evangelio parece haber reflejado estas creencias.
El Evangelio de los nazarenos: Al igual que el Evangelio de los ebionitas, este es un evangelio perdido, conocido sólo por fragmentos citados por otros escritores. Parece haber sido una versión del Evangelio de Mateo, posiblemente escrita en arameo, que era utilizada por una secta judía cristiana conocida como los nazarenos.
El Evangelio de Marción: Marción fue un teólogo del siglo II que proponía una visión dualista del cristianismo, en la que el Dios del Antiguo Testamento era visto como una deidad inferior y el Dios del Nuevo Testamento era una deidad superior y completamente diferente. Marción tenía su propia versión del Evangelio de Lucas, que había editado para adaptarse a sus propias creencias.
Todos estos textos proporcionan una visión de la diversidad y la riqueza del cristianismo primitivo. Aunque no son reconocidos como canónicos por la mayoría de las ramas del cristianismo, siguen siendo valiosos para los estudiosos por su visión alternativa y complementaria de la figura de Jesús y los primeros cristianos.






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